Siempre que paso unos días en Francia no puedo evitar recordar el supuesto destino del corazón de Luis XIV. Servir en parte como pigmento para el cuadro Interior de una cocina de Martin Drölling - todo ello sin entrar en asuntos más truculentos -.
Pensando en el corazón me acorde del color rojo y la importancia de éste a lo largo de la historia; olvidando, claro, que un corazón seco es tirando a marroncillo (marrón momia) por la oxidación del hierro en el que es rica la hemoglobina.
Del rojo al púrpura hay un paso. Y pensando en el púrpura me acorde del neologismo nepobaby. Un tanto palabro y, a mi juicio, un tanto forzada la expresión…
¿Por qué? Pues porque hay una bonita expresión que utilizaban en el imperio bizantino porfirogéneta, que sirve para lo mismo. Nacido en la púrpura. Con la que se denominaba, inicialmente, al hijo del emperador reinante que cumplía ciertas condiciones, entre ellas nacer en la habitación de pórfido. Nacido en púrpura, nacido en la riqueza, con el mundo a sus pies desde el primer momento.
¿Quién de nosotros no querría dar a sus hijos todas las oportunidades posibles y facilitarles el futuro?
Pero también es verdad, que la experiencia, sea la nuestra, la de los hijos porfirogénetas o la de los descendientes de Luis XIV, nos muestra que no todo se puede atar. Y como dice el proverbio es mejor enseñar a pescar que dar peces.
Y ya, siguiendo con los reyes franceses, pensemos también que, por mucho que nos empeñemos en preservar los restos y glorificar lo que hicimos en el pasado, nada nos garantiza que el paso del tiempo no nos lleve completamente por delante.
Así que no queda otra que adaptarnos y enseñar a pescar
Discusión sobre este post
Sin posts

