¿Se aprende más de los errores que de los aciertos?
A veces cuando oímos esto parece que el mero hecho de equivocarte, te va a dar un plus de aprendizaje. ¡Corre, equivócate, que así vas a aprender más!
No es tanto el equivocarse o el acertar, es el reflexionar sobre el porqué. De asumir lo que nos ocurra como algo natural y de lo que siempre podemos extraer algún aprendizaje.
Echando la vista atrás, y centrándome en mis años de estudiante universitario, ¿sabéis lo que recuerdo con más cariño?, ¿de lo que creo que he aprendido más? y, sobre todo, ¿por qué?
Un no fracaso
Un cinco pelado en una asignatura de matemáticas. Un examen complicado, en el que el olvide una nimiedad, el problema no tenía solución para el cero.
Puede parecer una tontería, pero a mí me sirvió para reflexionar en que no puedes dejar cosas por el camino, que lo más insignificante tiene su importancia, que debes cuidar los detalles y que si ignoras algo, debe ser desde una actitud consciente.
¿Diría que es un fracaso?, ¡no!
Y un no acierto
Una matrícula en un examen de laboratorio de transmisión digital de señal. No porqué la mereciera más que mis compañeros, sino porque ellos pensaron que quien la merecía era yo. Son esas cosas que te permiten darte cuenta de la importancia de contar con un buen equipo, del reconocimiento de los pares, de sentirse apreciado y de que las cosas no se pueden conseguir solas.
¿Diría que es un acierto? ¡Tampoco!
¿Y entonces?
En definitiva, desde mi punto de vista, no es tanto el éxito o el fracaso, el acierto o el fallo, sino el pensar en el camino, y no cegarse en la autocomplacencia.
Ni errores, ni aciertos, porque en realidad, no son tales, son etapas en la que aprendes a valorar lo importante. El detalle y a tus iguales.

