Leía el otro día que el primer cuarto del siglo XXI ha sido mucho peor de lo que esperábamos. Con independencia de que, en realidad, el primer cuarto terminará el año que viene no se qué pensar.
Quizá sea ceguera, o visión microscópica, pero para mi este primer cuarto, no ha sido sino el paso de ser un niño a un padre; de asumir que los sueños de la infancia y la primera juventud se ven superados por el mundo que nos rodea; de asumir que el mundo no es el que era. Lo cual, dicho sea de paso, no quiere decir nada en si mismo.
Si, hemos sido testigos de un cambio de paradigma pero, sobre todo, hemos sido testigos de nuestro crecimiento.
Crecer no significa dejar de soñar, quizá si cambiar los sueños y sobre todo hacer frente a los miedos que nos provoca el descontrol sobre lo y los que nos rodean. Pero, eso es, precisamente lo bueno. Que crecemos, siendo quienes éramos aunque quizá algo endurecidos por el devenir del tiempo.
Quizá sólo sea que este año ya he cumplido los 50, así que dejo el rollo y os deseo
¡Muy feliz 2025!

