La gratitud de las arañas de nada le sirve al hombre
Así terminaba un cuento corto del libro El águila y la paloma de James Krüss que leí hace un porrón de años y que todavía conservo.
En el libro una paloma, al estilo de Sherezade, contaba varias historias a un águila, tratando de entretenerla mientras buscaba una vía de escape a una muerte segura. Dentro de estos cuentos cortos se encontraba el de las arañas.
La historia, como un buen cuento para niños, es sencilla… un pintor un tanto guarrete tiene su casa tan sucia que las arañas están tan contentas. Agradecidas tejen un gracias. Lógicamente, el hombre al verlo se da cuenta del lamentable estado de su vivienda y decide hacer una profunda limpieza, obligando a las arañas a emigrar. Una de ellas termina diciendo la frase con la que comienzo la publicación.
De pequeño me dieron mucha pena las pobres arañas, ¡qué injusticia!
Hoy me ha venido esta frase a la cabeza.
Estaba dando vueltas a que no nos vale el reconocimiento así, en general, sino solo aquel de los que consideramos como pares, despreciando, ignorando o minusvalorando los de los demás. Comportándonos como el hombre ante esas arañas.
A veces, no está de más recordar lo que pensábamos cuando éramos niños y veíamos las cosas no sé si con inocencia, pero si con menos experiencias vividas y menos historia en las espaldas.

