14 de julio de 2026, Pirineos. La montaña, inmensa, y Juan ante ella. Juan no era montañero, ni alpinista, ni escalador. Como decía a sus amigos: «Soy simplemente un caminante, alguien que recorre senderos que otros han trazado antes». Aunque para sí pensaba, con una pizca de indisimulado orgullo, que algunos senderos eran, más agrestes y salvajes de lo que solía reconocer.
La senda de hoy no parecía muy complicada: subir a un mirador privilegiado de Ordesa. Y, además, iba con su hijo.
—Luis —le dijo—, hoy madrugaremos, que luego hace mucho calor.
Allá partieron, subiendo y subiendo. Luis, el primero, en cabeza, lo cual no dejaba de ser frustrante para Juan: «Joder, lo que tira este muchacho; y eso que no hace nada el resto del año». Luis, por su parte, se dijo: «Creo que me estoy pasando de frenada; si sigo así, voy a llegar reventado».
—¡Papá, tira delante, que estoy yendo muy deprisa y no me sigues!
—Venga, anda, que los dos sabemos que estás muertito; ya marco yo el paso —respondió Juan.
Y así subieron y subieron. Los dos, paso a paso.
La vista, preciosa. El sinsabor, curioso. Juan se dijo: «Media vida adulta haciendo deporte y este chaval aguanta lo mismo que yo». Y luego, en voz alta:
—¡Luis! Si hicieras más deporte, me dejarías tirado. ¡Si yo tuviera ahora tu edad!
Luis, reflexivo, respondió:
—Papá, tú tuviste mi edad y no hacías nada, así que no te lamentes de lo que no hago o, más bien, de lo que no hiciste. Disfruta lo que haces ahora.
Juan se quedó perplejo, sorprendido y quizá apenado.
—Sabes, Luis, tienes razón, pero me apena no haber empezado antes… No sé si es un error o no.
Luis le cortó, con esa forma de expresarse que escondía un cierto humor interno:
—Padre, eres lo que eres, así que no insistas. Al menos puedes seguir subiendo. Mira el paisaje y bajemos.
Y así miraron el paisaje, reconfortante e intenso. Luego poco a poco, y con más aire en los pulmones, comenzaron el camino de bajada, a la vez que hablaban del paso del tiempo e insistían, una y otra vez, en lo mal que se bajan las cuestas, en el hambre que tenían y en cómo apretaba el sol.

