Cuando Gutenberg, allá por 1440, inventó, o redescubrió, la imprenta de tipos móviles, consiguió indudablemente aumentar la productividad.
Pero más allá de eso, aplicó un principio, a mi juicio, esencial. Si vamos a hacer algo muchas veces, aunque sea de forma ligeramente distinta… Busca patrones, abstrae y hazlo de tal forma que pueda ser lo más fácilmente replicable posible.
Repetirse continuamente, conduce a errores, a fallos, quizá no perceptibles inmediatamente pero que, como ocurría con las planchas de impresión, cuando había un pequeño error éste podía suponer la retirada, reimpresión y repetición de la plancha completa.
Da igual a lo que nos dediquemos, evitemos caer en la monotonía de la repetición y en ejecutar sin pensar.
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