Esta especie de poema, lo escribí cuando tenía 22 años, esa fase en la que nos da por ser profundos y escribir sobre cosas que no llegamos siquiera a entender. O como me gusta autodefinirme en aquella fase de mi vida, jovencito arrogante e impertinente.
Perdí el diario en el que tenía esto escrito, así que no son más que retazos de algo más largo, no mejor, pero es lo poco que puedo recordar.
Triste, marchita, caída
Cual flor seca, por el tiempo que pasa
envejecida
Tus ojos, inmensidad
antes de confundirse en
la oscura profundidad
Ríos del argénteo metal,
ríos que cruzan tu faz,
herederos de un pasado,
que el tiempo quiso borrar
Tú, que ante ti se postraron
príncipes, condes, y reyes
en este momento ¡ahora!
no más eres que una sombra
de lo que fuiste ayer.
Cuando tuyo era el reinado,
de la gloria, del poder.
En el mismo diario había otras obras con ínfulas post adolescentes, no recuerdo mucho, sólo fragmentos de algo que terminaba como:
En fin, al auctor de estos versillos,
que fue nacido, para morir
No acabo de entender yo esa manía con hacernos los profundos a ciertas edades, la verdad.

