No es esperar que las cosas se hagan a tu manera.
Es dar autonomía en la toma de decisiones.
No es delegar por delegar.
Es saber lo que se puede y lo que no y en quién.
No es una forma de escurrir un bulto.
Es hacer a otros participes de una corresponsabilidad, en la que los roles se reparten, de tal forma que seamos más eficaces.
No es confianza ciega.
Es estar disponible para escuchar, es demandar información, es tomar decisiones cuando hay que tomarlas.
Debo reconocerlo... he pecado.
Las cosas no son siempre tan bonitas como se escriben en un papel (o en un post): microgestión, no escuchar a veces, delegar lo que no se puede o en quien no se debería hacer, tantas cosas...
Pero bueno, siempre hay que verlo con actitud positiva. Darse cuenta de los errores o los pequeños fallos, es un primer paso necesario para el aprendizaje y la mejora.

