Hay tanta diferencia entre tu yo de hace unos años y tu yo de ahora?
En mi caso, dejando de lado que tengo más experiencia, más conocimientos, menos mala leche, más kilos y menos pelo. En el fondo, creo que sigo siendo el mismo de hace 25 años.
Aunque, aparentemente, no tenga mucho que ver, esto me lleva a pensar en cómo debe ser la relación con la gente joven que empieza a trabajar conmigo. ¿Qué les debo pedir? ¿Qué debo esperar? ¿Qué debo ofrecer yo?
Para mi la clave es respeto mutuo. ¿Cómo?
Ofreciendo retos asumibles, pero estimulantes.
Dando autonomía, pero con seguimiento, considerando las diferencias de cada persona.
No encargando aquellas tareas que no estas dispuesto a hacer.
Arrimando el hombro siempre que sea necesario.
Arremangándose las veces que haga falta.
Estando. Ayudando, explicando.
Insistiendo en la importancia del porqué y del cómo. Balanceado con el cuándo.
Demandando compromiso y autoexigencia, pero no más de la que te exigirías a ti mismo.
Sin ello, ¿Qué somos? ¿O es que vamos a limitarnos a ofrecer a jóvenes cual victimas propiciatorias en el altar de la diosa tecnología - o la que toque -?

