¿Somos tan únicos? ¿Son nuestros descubrimientos tan singulares? ¿Por qué nos sorprendemos de lo que aparentemente hace la IA?
La historia, descontando teorías de reptilianos, extraterrestres y seres venidos de otras dimensiones, esta llena de ejemplos que muestran que no…
La agricultura no fue una idea que se extendió desde un punto del globo al otro. Apareció en varios lugares y de forma no simultánea pero casi.
Lo mismo ocurrió con la metalurgia del cobre.
Y ¿qué podemos decir de la arquitectura?
¿No pasa lo mismo día a día en una sociedad tecnológica y cambiante?, con múltiples formas de hacer lo mismo.
Lo cual no quiere decir que la solución sea la misma, ni que de igual como es ésta… no es lo mismo utilizar vajilla de plomo que de otro material, al menos a largo plazo… ni la salud se resiente lo mismo aleando cobre y arsénico que cobre y estaño.
Al final, lo que tenemos son situaciones, entornos propicios, caldos de cultivo que hacen que nuestra creatividad sea capaz de explotar. Pasos pequeños o grandes, que parten de lo que hicieron otros antes que nosotros y de las preguntas que el conocimiento previo nos permite realizar.
La información está ahí, lo que hay que hacer es saber lo que buscamos. Quizá sólo sea suficiente con no conformarnos, con hacernos preguntas, con plantearnos dudas.
Todo ello nos puede llevar a encontrar nuevos problemas y buscar soluciones a los mismos. En definitiva, ser creativos es lo que nos hace distintos.
No nos dejemos llevar por lo que las cosas aparentemente hacen, sino planteémonos qué queremos hacer, a dónde nos gustaría llegar. Las nuevas tecnologías nos permiten avanzar más rápido, pero sólo si sabemos a dónde queremos ir.
La solución variará, como pasó y sigue pasando. Buena o regular, mejorable o no, sólo el tiempo nos lo dirá.

