Velerín es un barco velero, famoso en el mundo entero, que navega por el norte y por el sur, por el este y por el oeste. Por tierras conocidas y desconocidas. Hoy le acompañan sus amigos …
Le acompañaban mis hijos, claro, los valientes e intrépidos capitanes del barco.
Este era el ritual de todos los días a la hora de la comida, no había - ni hay - tele en la cocina. Sólo mis hijos, yo y nuestro barquito velero.
Con Velerín navegábamos por los siete mares. Descubrimos, cuando eran muy pequeños, un mundo lleno de letras imaginarias, cómo se ordenaban y cómo tenían intensas discusiones con los habitantes de una isla vecina: los números.
Con Velerín, crecieron, crecimos, descubrimos seres que vivían dentro de volcanes, otros que no necesitaban oxígeno para respirar. Bacterias extremófilas, malvados virus y otros no tan malos.
Viajamos por el espacio. Aprendimos que la gravedad era como una cuerda; que una vez hubo un planeta loco, Marte Loco, que se chocó con la Tierra; que había una malvada nube llamada Oort cuyo único objetivo parecía ser lanzarnos cometas y asteroides, pero que afortunadamente los pedos de Júpiter se encargaban de protegernos - aunque había que acercarse siempre con la nariz tapada - ; que en el centro de la galaxia vivía Negrón y que con mucha imaginación podíamos utilizar el cinturón de Orión para protegernos de todo lo malo.
Viajamos por el tiempo o en el tiempo, hablando de lo visible y lo invisible, de que, en función de lo rápido que rebotaras, podía ser que no te viera tu hermana.
Cruzamos los espejos, los de Alicia y otros que nos llevaban a mundos nunca antes descubiertos.
Mediodía tras mediodía, durante muchos años, Velerín nos acompañaba, mientras crecíamos, mientras crecían.
Hasta que llegó el día en que Velerín dejó de navegar, ya no tenía sentido, los grandes pilotos se hicieron mayores y el barquito aparcó en los sueños, esperando tiempos mejores.

